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Lección de altura

Ocho horas de camino. Siete alumnos. Cuatro grados. Un aula. Cero vecinos cuando cae la noche. Areli Reyes nos cuenta cómo es ser docente en la IE multigrado del lejano caserío de Culebramarca, en las alturas de Pasco. Esta es una historia de vocación.

Son las cuatro de la mañana y Areli Reyes Dávila, 29 años, pasqueña, profesora de primaria, ya está en pie y sin desayuno. Dentro de algunos minutos debería anunciarse Herald Ninahuanca, el único colectivero del distrito de Paucartambo que accede llevar a los escasos visitantes de Culebramarca hasta donde muere la trocha y comienza el camino hacia el poblado. Areli espera comenzar temprano el ascenso a la pequeña comunidad dedicada al cultivo de papas en la que enseña, perdida entre montes y neblina, y a la que nadie llega por error. PerúEduca la acompañó en su último ascenso a Culebramarca antes de terminar su año lectivo.

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Texto y fotos: Tatiana Palla

"Cuando dije ‘agarro la plaza de Culebramarca', todos me miraban, así, con los ojos de susto. Inclusive estaba el director de la UGEL y me miró. Los maestros de atrás gritaban ‘Bravo, bravo para la profesora, se va ella a Culebramarca, ¡qué valiente!'. Entonces ahí me pregunté: ‘¿A dónde me voy?'", cuenta.

No se trata solo del largo camino: el reto de enseñar en Culebramarca está en llegar para quedarse. Areli sale de la localidad solo una vez al mes para comprar abarrotes e ingresar notas al sistema.

Nueve personas se apretujan en la única movilidad que ese día subirá trocha hacia Tindalpata, la última localidad con servicios básicos completos en la zona. A través de la ventana solo se ve valle y frío. La lluvia de los últimos días ha formado una piscina de barro arcilloso que atrapa las llantas de la station wagon. Esta vez, la ruta será particularmente dura: no serán siete horas de ascenso, serán casi nueve. Toca descargar las mochilas y cajas de comida del techo del auto para esperar a Don Florencio y sus burros.

"Ni en sueños pensaba llegar a un colegio caminando tantas horas, bajo la lluvia, tener el temor de perderme en el camino" dice Areli. Desde que comenzó a trabajar como docente en 2010, le tocaron instituciones a diez, quince minutos de su casa. Ahora, solo sale de Culebramarca unos cuantos días al mes. Lo suficiente como para insertar notas en el sistema, hacer el nuevo cargamento de comida para la siguiente estadía, visitar a su madre, encontrarse con algunos amigos. Salir de Culebramarca toma un día. Regresar, día y medio.

Cuesta arriba

 "Del camino me dijeron de todo. Que te encuentras con la culebra, que en Leonpampa hay león, que cuando Culebramarca se llena de nubes, llega el oso. Me asustaron" recuerda. Luego, aprendió que no debía creerse todas las historias. Tras cuatro horas de caminata, llegamos a la llanura del León y no hay ningún felino amenazador a la vista. Avanzamos para ganarle a la neblina, que rápidamente cubre la ladera de las montañas. Es poco más de la una de la tarde, pero el cielo está tan cargado que parece que estuviera a punto de anochecer. 

La Lluvia cae como ducha, desde arriba, de lado, lo moja todo, rebota en la tierra. Hay que moverse con cuidado: desde Luichococha a Culebramarca, el fango está vivo. Los pequeños pantanos que atrapan el pie hasta el filo de la bota están en todos lados. Las dos horas perdidas de la mañana han convertido la caminata en una lucha contra el tiempo: hay que llegar antes de las seis de la tarde, sí o sí, y aún quedan cuatro horas de camino Las pocas casas que rodean al lago de Luichococha  son las primeras que se logran ver luego de seis horas de caminata. Queda aún superar dos hileras de montañas para llegar a Culebramarca. Los gritos de los profesores están ahí, mientras Areli llena los pulmones de aire para seguir andando.

Ocho horas después, un techo

La primera casa de Culebramarca se logra ver una hora después de dejar atrás Luichococha. Allí está Don Florencio, esperando la llegada del grupo a pie para bajar al centro comunal y descargar los paquetes de los burros. Desde la primera casa no se ve más que laderas sin cultivar ahogadas en lluvia.

La comunidad agrupa menos de veinte personas, cinco casas, centenares de carneros y una que otra leyenda.  Visitar al vecino supone al menos 30 minutos de caminata. El centro del pueblo es solo una casualidad conformada por una capilla abandonada, unos baños a medio hacer, la escuela antigua con su fogón, la escuela actual y un centro comunal recientemente construido, pero al que ya le faltan algunos vidrios. La profesora Areli, completamente empapada, saca la llave y abre con confianza la puerta del local. Finalmente hemos llegado.

Sola con tu soledad

La de Culebramarca es una vida en aislamiento. Una vida en la que, excepto por la FM, no hay cómo saber qué pasa en el resto del país. Aquí no hay llamadas,  televisión o vecinos. Tampoco hay agua potable, solo un balde para sacar un poco de agua de río cada mañana. El foco del centro comunal funciona con el panel solar que la profesora solicitó para el colegio cuando llegó. El silo está cruzando el riachuelo, y de noche hay que adentrarse en la oscuridad total para usarlo. Pocos pasan por el centro comunal: tal vez algún padre o madre de familia que viene con  papas de regalo, o la visita mensual del equipo itinerante del Ministerio de Salud para las zonas rurales de Pasco. "Cuando los niños se van a las cuatro de la tarde, quedo absolutamente sola" dice con voz de resignación.

No muchos tienen la fortaleza para mudarse a Culebramarca por un año entero. Ella misma pensó que no podría lograrlo. "El día que llegué dije: mañana amanece y me voy. Pero ya comenzaban las clases, los niños comenzaron a bajar de las puntas. Si renunciaba, seguro venía otra persona y hacía lo mismo que yo. Tomé la plaza, es mi trabajo" se exige.

"En los lugares más lejanos trabajamos las mujeres. En la adjudicación, yo veía que los profesores que llamaban para tomar la plaza estaban ahí y no respondían. Cuando toman plaza lejana, muchas veces llegan al lugar y si no les gusta, se van" dice. Areli completó su año de trabajo en diciembre de 2014 y en su paso por Culebramarca ha transformado aula, alumnos, y dejado nueva habitación del docente para quien tome la plaza en 2015. El trabajo ha sido duro.

Nueva profesora, nuevo hogar

A ochenta metros del centro comunal, pasando un pequeño canal y un par de ojos de agua,  están el colegio, la vieja escuela y la vicharra – fogón – en la que los docentes preparaban sus alimentos. Hasta 2013, los profesores utilizaban el antiguo colegio de adobe, devenido en almacén del colegio y de la comunidad, como habitación. "Estaba oscuro, olía a guardado, había insectos, podía entrar la rata" recuerda la profesora Areli. Acomodarse en el nuevo local de la comunidad implicó varias caminatas y muchos más argumentos. Tuvo que visitar de casa en casa a las autoridades de Culebramarca para conseguir el permiso. "Compré este cable, jalé la luz. Traje el balón de gas, mi cocina, el colchón, armé la cama con ladrillos y maderas y así pude quedarme" dice mientras pone a calentar agua en la tetera.

Salón en revolución

En Culebramarca, la jornada inicia antes de las cinco de la mañana. Basta un poco de luz para que en las lejanas laderas arranquen los quehaceres de la casa. La profesora llena la tetera con agua rojiza de río prende la radio, escucha las noticias de la capital Una silla con cajas de laptops XO entregadas hace años y que ahora lamentablemente ya no están operativas por falta de uso  cumplen la función de tener la radio a la altura de la ventana. Voces limeñas discuten sobre temas que poco parecen afectar Culebramarca, pero que Arely escucha con imbatible atención.

Los chicos aparecen en la puerta un par de minutos antes de las ocho, puntuales y sin reloj. "Ya, a cambiarse los zapatos, hagan fila ordenados" dice. La revolución del aula comienza por los pies. Siete pares de zapatitos de lana, todos tejidos a mano, sustituyen las botas de plástico con la que los chicos han llegado corriendo desde las alturas de Culebramarca. "Por la distancia que ellos viven, los niños venían todos los días con sus botitas. Los niños se quejaban por el frío durante las clases. Hemos  creado los zapatitos abrigadores. Se ha buscado las plantillas y se ha creado los zapatitos tejidos con la lanita de carnero" cuenta Arely. Las pantuflas de salón, junto con los asientos forrados de lana de carnero, han sido las primeras soluciones que ha profesora ha impuesto para hacer que los chicos dejen de pensar en el frío y se concentren en la clase.

Cambio de hábitos

Desde que Areli está a cargo de la IE, entrar al aula se ha convertido en una ocasión más para aprender: todos los niños marcan asistencia colocando la hora en un reloj de cartón, renovando la fecha y día de la semana en la pared calendario. Arely ha hecho del aula un espacio para conocer objetos y dinámicas que tal vez los chicos no usen frecuentemente en la localidad, pero que les conviene conocer si bajan a la ciudad. La mañana comienza con arroz, leche y galletas: a la mesa del desayuno están Rosa Vizcayo (9), Ania Laurencio (9), Denisa Laurencio (10), Rosmelinda Crisóstomo (10), Hilton Yalico (11), Eusebio Crisóstomo (12) y Yoner Crisóstomo (13), y son la razón de Arely en Culebramarca. Cada quien pone sobre la mesa su individual de tela de costal con  las primeras letras de su nombre y apellido bordadas y comienza a desayunar. "Tienen que saber agarrar bien los cubiertos, tener individuales y saber para qué sirven" apunta Arely. Cuando terminan, botan las envolturas de galletas en el basurero de residuos plásticos y las migajas al basurero orgánico. "Si algún día visitan Lima deben saber por qué hay basureros de distintos colores" insiste.

"Yo  trato de presentarles cosas que no conocen para que estén preparados y sepan afrontar la vida si en algún momento salen de Culebramarca. Aquí me dijeron que por qué perdía el tiempo en eso. Algunos padres no valoran el tipo de educación que les estoy dando: que para qué los individuales,  para qué una fotografía en su mesita, si no es importante", lamenta. Para Areli es todo lo contrario: es una forma de levantar la autoestima de los pequeños, que se sientan únicos. Y lo ha logrado: es, en realidad, la foto de cada chico rodeada de palitos de chupete es lo que más le gusta a los niños de su nuevo salón.

Nuevo año, nueva aula

 "Cuando llegué encontré un aula en estado crítico. Los pisos estaban carcomidos por la humedad, cuando caminábamos nos hundíamos. Había unas carpetas, un escritorio, un librero, y una pizarra. Era un aula poco atractiva, los niños no tenían ninguna motivación para venir a las clases. Faltaban, ponían de pretexto la chacra, así que transformé el aula" dice la profesora. El trabajo fue duro: renovar el salón le tomó de marzo a julio. "El salón no estaba así de ordenado, así de limpio, el piso estaba roto, suelto, sin pintar. No daba ganas de venir al colegio a comienzos de año dice Yonel, que por estos días se debate entre elegir dedicarse a la agricultura desde ahora o  a la secundaria o dedicarse desde ahora a la agricultura.

Lo primero que hizo fue comprar nuevos tablones para el piso. El piso del salón, ya hundido en algunos puntos, no daba para más. Los tablones fueron llegando a Culebramarca a lo largo de dos meses para evitar costos extra.  Los padres dedicaron varias jornadas a clavar los nuevos pisos y darles la capa de marrón cerezo que hace ver el salón tan pulcro ahora.

Lo siguiente sería renovar las paredes. "Pinté el aula en tres colores diferentes: de verde, blanco y celeste. En todas las aulas tenemos el pintado de un solo color. Yo quería cambiar esa rutina" La puerta ha quedado inconclusa: el presupuesto no alcanzó para reemplazar las placas de vidrio rotas y el frío filtra. La misión de reponerlas queda para quien llegue a enseñar este año.

Aprender manipulando

La mañana arranca con la clase de comunicación. La historia de una vicuña que no hace caso a las advertencias de su madre será el tema del día. La profesora da copias a todos los chicos y ellos corren a sentarse debajo de la esquina de lectura: la biblioteca es ahora abierta, e incluso algunos libros cuelgan del techo gracias a algunas pitas y unos ganchos de ropa. Niñas y niños se sientan sobre una piel de carnero y comienzan la lectura. En la tarde tendrán que representarlo al aire libre con máscaras y disfraces hechos en cartulina.

La participación de la profesora Areli en el Programa Educativo Logros de Aprendizaje (PELA), con el que aprendió a sacar el máximo provecho a los materiales educativos del Ministerio de Educación -esos que muchas veces quedan abandonados en cajas- ha marcado definitivamente su forma de enseñar en el aula y de lidiar con el reto de un salón multigrado. Lo que aprendió entre 2012 y 2013 en el programa ha tenido impacto en Culebramarca.

"Aquí los chicos tienen muchas dificultades con la producción de textos, con la resolución de problemas en matemática. Los materiales me han ayudado mucho" asegura Areli. Ella tiene una regla clara: evitar en lo posible que los chicos aprendan de manera pasiva. Importante detalle, además, cuando las clases van de 8 am a 4 pm: la jornada larga compensa los días que la profesora sale de Culebramarca por nuevos alimentos.

"El aprendizaje tiene que ser manipulable. Cuando no hay materiales, enseñar de manera  imaginaria no funciona igual. Tienen que agarrar, manipular ahí, para que el aprendizaje sea más significativo" asegura.

Para enseñar matemática también tiene más de un truco. Ahí están las maquetas hechas por los chicos, las regletas de Cuisenaire, las calculadoras digitales y las de rejilla de colores, los materiales de ciencias. También, por supuesto, tiene propuestas propias."Los juegos como el bingo les llama mucho la atención. Con el bingo han aprendido a sumar, a restar, a multiplicar" dice. Arely reparte tarjetas a los chicos, y va aprovechando los resultados de los dados para que multipliquen y sumen hasta llegar al número que pueden marcar. Mucho más divertido que darles veinte operaciones para que las desarrollen en orden y silencio en el cuaderno.

Mercado imaginario

En Culebramarca no hay tiendas. Las monedas y billetes se usan fuera de la localidad, cuando los padres bajan a la localidad de Santa Isabel a comprar abarrotes o vender papas. Los niños están fuera del sistema monetario y son pocas sus oportunidades para aprender a distinguir los diferentes tipos de billetes y monedas en circulación. Areli ha procurado que el aula también tenga un espacio para que los chicos sepan cómo comprar y recibir vuelto sin fallar. Ese lugar se llama Doña Paola, la bodega escolar en la que los chicos aprenden a pesar menestras, vender pilas, bolsas de fideos, avena, jabón, infusiones, galletas, y más productos básicos que los chicos tienen en casa.

La bodeguita de Doña Paola ha sido surtida con las envolturas vacías de los alimentos Qaliwarma, junto con cajas y objetos que la profesora ya no usa. La balanza es material didáctico del Minedu. Un par de ganchos de ropa, unas pitas, unas cajas forradas de colores completan la bodega. Costo del proyecto: menos de diez soles. La bodeguita es, sin duda, la estrella del aula.

Hoy la pequeña Ania (7) se pone el delantal para convertirse en Paola. Pesa medio kilo de oca y un kilo de papa en la balanza, suma tres bolsas de fideos (rellenas de pajas de ichu secas) y una caja de té filtrante. Hace la suma en su libreta, entrega una boleta a su hermana Rosmelinda. Luego lucha con las monedas para dar el vuelto correcto. "Los chicos tienen que aprender también esto. Hay que traer al salón lo que no conocen" insiste Areli.

Larga caminata al hogar

La clase termina a las cuatro de la tarde. Ania y Rosmelinda hacen una invitación especial a su casa esta noche. Será una hora y media de camino para llegar a la casa de la familia Crisóstomo. Luego de varios kilómetros de caminata, despunta una casa cerca de un cultivo de tierra fresca y oscura. Llegamos cuando el sol comienza a ocultarse.

En la cocina, el fuego de la vicharra da abrigo, pero no luz. Los cuyes caminan al borde de las paredes sin salir por la puerta. Las carnes están colgadas del techo, ahumándose. Mientras la señora Nidia cocina, las niñas van a recoger las ovejas. En Culebramarca no hay tareas para el cuaderno: la profesora prefiere hacerlo todo en clase. Sabe que llegando a casa, no hay luz eléctrica para dedicarse a los deberes escolares y las chicas y chicos deben apoyar con algunas labores de casa. La habitación donde duermen Don Florencio, la señora Nidia, Ania, Rosmelinda, Marisela y el pequeño Abilson es grande, alta, espaciosa como para tener dos camas y colgar con cuidado la ropa de la familia. El segundo piso hace de almacén de papas y maíz noche exige cerca de diez frazadas para poder dormir sin frío. Afuera, la oscuridad es total.

Don Florencio y doña Nidia se levantan a las cuatro y media de la mañana. Hay que prender la vicharra, preparar los desayunos para las niñas, trenzarlas.  Los Crisóstomo llegaron a Culebramarca desde Panau para tener un cultivo más grande. Ellos estudiaron hasta segundo, tercero de primaria, lo suficiente para hacer operaciones básicas, firmar y algunas otras  cosas adicionales . "Nuestras hijas deberían aprender un poco más, terminar la primaria. ¿Secundaria? No sé, habría que mudarnos"  dice Don Florencio. Mudarse implica dejar la agricultura.

Primaria, ¿y luego qué?

Las chances de que los niños de Culebramarca puedan llevar la secundaria son bajas. Seguir con los estudios pasa por una mudanza (altamente inviable), enviar al niño con un familiar a la ciudad (si es que lo tienen) o trabajar un par de años para ahorrar y bajar a la localidad de Santa Isabel para estudiar. "La verdad, cuando comienzan a ganar su platita, terminan comprándose algo como un celular y se quedan aquí, ya se les van las ganas de seguir estudiando" dice la profesora. "Si los niños se quedan en la chacra, la aspiración máxima de algunas niñas de aquí es ir a Lima, como sus tías, sus hermanas mayores, y trabajar en alguna casa. La cuestión es estar en Lima"..

Ella trata de estimular a sus alumnos  buscar más opciones. Optar por la chacra no está mal, pero a ella le gustaría que el oficio de la enfermera que visita mensualmente la localidad no sea un sueño imposible para alguna de las niñas del aula que quisiera imitarla. O que, en todo caso,  una mayor preparación les ayude a mejorar el manejo de sus chacras. En el salón hay un mecánico, un ingeniero, una enfermera, una doctora. Cada niño ha escrito en su carpeta lo que le gustaría ser de grande

Con las carreras, Areli busca estimular a los chicos a pensar en ir a la secundaria. Para muchos padres basta con la educación suficiente para comerciar sin ser estafados, escribir correctamente, entender lo que se firma. Hay quienes se sienten incómodos con que la profesora cree expectativas poco factibles a sus hijos, que para qué les llena la cabeza de ideas.  El tema, sin dudas, generó tensión en el año que pasó.

Un día con lluvia

A la mañana siguiente de la jornada con los Crisóstomo, el sol desparece.  El cielo está cargado y es evidente que la lluvia comenzará pronto. Felizmente  la mayoría del camino va de bajada. En el centro comunal, la profesora mira a través de la ventana si ya estamos cerca para salir hacia el colegio. Diez minutos después de entrar al salón se desata la lluvia. No parará hasta tarde.

Hoy las pantuflas abrigadoras y los asientos con pellejo de carnero no son suficientes. Al primer descanso para jugar, pocos quieren salir del aula. En Culebramarca, el frío y la lluvia son temas constantes y en algunos casos, paralizan la dinámica de la comunidad. 

"Los niños a veces se quedan a dormir aquí. En invierno se quedan seguido por la neblina. Ellos mismos, a pesar que viven aquí y conocen, se pierden. Apareces en otro lugar, entonces la dificultad de que no lleguen a casa" dice Arely. La lluvia ha dejado empantanados los montes, la neblina cubre las laderas. Quienes tienen un camino largo de vuelta a casa han preferido quedarse. Esta será una jornada con la profesora. Yoner, Eusebio y Rosmelinda se quedarán en el Centro Comunal. Los chicos cargan con frazadas y pellejos de carnero que han sacado del almacén del antiguo colegio. Hoy Yoner se compromete a preparar sopa de fideos y zanahoria para todos. La profesora solo espera que la cena conjunta no agote sus abarrotes mensuales. En la noche, toca armar la cama y a dormir. Los padres ya saben que si los chicos no llegan en un día de lluvia o neblina, es porque han preferido quedarse en el centro.

Vocación para enseñar

En Culebramarca, Areli es profesora las veinticuatro horas. El resto de su vida la ha dejado a un día de distancia. Trabajar como ella, internada en una comunidad lejana, es en sí una prueba de vocación. Lejos de la familia, lejos de los amigos, lejos del calor hogareño que los demás habitantes de Culebramarca tienen en sus campos, en sus casas, y ella no. "De hecho creo que el trabajo de algunos docentes es muy sacrificado. Hay que dejar de lado muchísimas cosas. Así gane poquito, quiero trabajar en lo que me gusta" reflexiona Areli ya en la mañana, cuando los chicos ya están preparando el desayuno en la vieja vicharra.

Haber hecho del colegio no solo un lugar de trabajo, sino un hogar del cual sentirse responsable, es el mayor aporte que puede dejar esta profesora a la que ha sido su institución educativa en 2014. Recuperar el espacio, hacerlo acogedor para los niños, motivarlos a venir a clases y darles todo lo que puede dentro de las limitaciones y la precariedad. "Ser profesora no es una cosa de ocasión, sino de vocación. Si no, no estaría en este lugar" dice. Que la nueva persona a cargo de estos chicos tome la posta bien.

 

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Comentarios

Si que esta experiencia maravillosa de trabajar en zona rural es realmente tener vocación para ello, son muchas las dificultades que hay que sortear, muchos los retos por cumplir y que bueno que hayan maestras como Arely que las superan y logran la meta. Felicitaciones.
Publicado el día 4/03/15 17:02.
Valiente la profesora Arely como muchos maestros ven reflejada esta realidad en muchas partes del país, su gran esfuerzo de educar en lo mas alejado y con las condiciones que hemos podido ver en las imágenes y en tanto frío ella tiene que abrigarse con 5 frazadas.

NUESTRO MAYOR RECONOCIMIENTO A ARELY Y A TODOS LOS MAESTROS QUE TRABAJAN ALLÍ EN LAS ALTURAS, EN LA PUNA, EN LO MAS ALEJADO DE LAS CIUDADES Y EN CONDICIONES ADVERSAS
Publicado el día 4/03/15 16:58.
Arely eres un orgullo para los MAESTROS. Asumiste un reto con valentía, eso es ponerle "Punche a la Educación de nuestros estudiantes". Tus niños y niñas se ven felices por tenerte.
¡Eres una gran maestra!
Publicado el día 4/03/15 16:55.
Aplaudo su labor maestra Arely, la decisión de ir a trabajar a Culebramarca a hecho de usted una maestra ejemplo. Su historia que me conmovió. Necesitamos maestros que tengan el mismo espíritu y dedicarse de lleno a la albor educativa. Su labor debe ser reconocido por el Estado y si es posible hacer público la labor de todos los docentes que hacen esta tarea. Ejemplo y digno de imitar.
Publicado el día 4/03/15 16:54.
Mi respeto y admiración a los maestros y maestras que por vocación están trabajando en las zonas de frontera o la sierra de nuestra patria.
Publicado el día 4/03/15 16:47.
hay muchos peores ya le reportaremos otras realidades muy dificiles.
Publicado el día 4/03/15 16:34.
Hermosa labor de la maestra,pero cabe recalcar que son muchos los maestros que se van a las zonas rurales de nuestro país,a lugares lejanos e inhóspitos. Qué bueno que se dé a conocer esta realidad en esta web,para que todos comprendan que falta mucho por hacer para alcanzar una verdadera educación inclusiva.
Publicado el día 4/03/15 16:27.
Mis respetos maestra Arely, chamba es chamba. Su experiencia me recuerda y seguramente a muchos maestros como hemos iniciado en esta noble carrera.
Así como Usted menciona que en culebramarca no hay acceso a medios de comunicación ni a una tienda de abarrotes, donde el contacto con la naturaleza y los pocos niños es la fuente que mantienen su aliento y su propia vida, es allí donde está una escuela y es allí donde está una ,maestra como Arely y como muchas y muchos que como soldados anónimos dan todo de si por los niños y las niñas del Perú. Me gustaría un siguiente artículo donde ver que Perueduca no solo sigue a los maestros como Arely para hacer sus artículos sino para hacer algo por esos niños y tener una educación realmente inclusiva.
Publicado el día 4/03/15 16:22.
Que hermoso, me hace recordar donde empece a trabajar, en un distrito de la provincia de Santa Cruz, departamento de Cajamarca, me estoy refiriendo al distrito de Yauyucán. Felicitaciones profesora son experiencias que nunca se olvidarán, lo hacemos por nuestros niños y adolescentes del Perú.
Publicado el día 4/03/15 16:03.
FELICITACIONES PROFESORA ARELY QUE PRIVILEGIO ELSUYO DE SER TAN JOVEN Y DAR A CONOCER EL VALIOSO Y SACRIFICADO TRABAJO QUE EN TAN DIFÍCILES CIRCUNSTANCIAS Y CON TAN LIMITADOS RECURSOS HAS REALIZADO EN CULEBRAMARCA. QUE,ESTO NOS AYUDE A REFLEXIONAR A AQUELLOS QUE CONTAMOS CON MUCHAS OPORTUNIDADES PARA BRINDAR UN SERVICIO EDUCATIVO EFICIENTE EFICAZ Y SOBRE TODO PARA ASUMIR LOS RETOS QUE NOS PRESENTA NUESTRA MISIÓN.
Publicado el día 4/03/15 15:59.
la vocación que uno toma de ser docente es algo bien grande aca cada uno de nosotros debemos saber la responsabilidad que esto es, muchos de nosotros dejamos todo para ir a nuestro centro de trabajo; soy docente que tuvo que caminar tres días para llegar al lugar donde mu toco enseñar con una realidad que teníamos que ingeniarnos para poder realizar nuestros aprendizajes pero el gusto que daba era ver a los alumnos con esas ganas que iban dia a dia para apreder más
Publicado el día 4/03/15 15:51.
Que dura realidad como la mía; Pero así vamos adelante llevando las banderas de la libertad. A pesar de que en Lima piensan que no existimos.
Publicado el día 4/03/15 15:48.
felicitaciones por su valentía,siendo mujer y caminar tantas horas para enseñar a esos niños que cada día nos esperan con muchas ganas de aprender me hace recordar cuando caminaba un día y medio a mi trabajo.
Publicado el día 4/03/15 15:39.
Muy interesante el articulo de esta profesora y que me hace reflexionar que mi vocación de trabajo con los estudiantes debe ser lo mejor, porque gracias a Dios no tengo esas dificultades.
Publicado el día 4/03/15 15:02 en respuesta a YANET FRANCISCA SALINAS SALINAS.
Una gran labor de esta maestra da su vida y sacrificio por la educación, muchas felicitaciones a todas las profesoras que luchan por sacar adelante a nuestros por los niños que serán el futuro del mañana...muy buen ejemplo de profesora...
Publicado el día 4/03/15 14:56.
hola Fidelia... qué hermosas tus palabras. bueno, creo que es un buen inicio reconocer la labor de los docentes. me refiero a lo que dices de "hacer algo por esos niños". pienso que lo primero es reconocer a estos héroes y mostrar que así pueden ser los demás profesores en estas zonas (muchas veces se piensa que no cumplen sus horas, que no están capacitados, entre otras cosas), de esta manera podemos sentar un ejemplo. creo que el objetivo es "llevar" a estos niños profesores, materiales y aprendizajes de calidad... gracias por tus comentarios.
Publicado el día 4/03/15 14:43 en respuesta a FIDELIA VIGURIA NAVEROS.
Mis respetos maestra Arely, chamba es chamba. Su experiencia me recuerda y seguramente a muchos maestros como hemos iniciado en esta noble carrera.
Así como Usted menciona que en culebramarca no hay acceso a medios de comunicación ni a una tienda de abarrotes, donde el contacto con la naturaleza y los pocos niños es la fuente que mantienen su aliento y su propia vida, es allí donde está una escuela y es allí donde está una ,maestra como Arely y como muchas y muchos que como soldados anónimos dan todo de si por los niños y las niñas del Perú. Me gustaría un siguiente artículo donde ver que Perueduca no solo sigue a los maestros como Arely para hacer sus artículos sino para hacer algo por esos niños y tener una educación realmente inclusiva.
Publicado el día 4/03/15 13:52.
ES NUESTRA REALIDAD RURAL. COMO DOCENTES TENEMOS QUE HACER FRENTE A UNA SERIE DE DIFICULTADES Y ADVERSIDADES; SIN EMBARGO, NO SE RECONOCE NUESTRA SACRIFICADA LABOR, PEOR AÚN SI ES CONTRATADO.
Publicado el día 4/03/15 13:23.
La experiencia de Arely me recuerda mucho mis inicios como profesora de nivel inicial, en la localidad de Coto Huaral, al principio fue muy difícil acostumbrarme, en algún omento sentí ganas de dejarlo todo pero mi vocación de profesora me ayudó a sacar fuerzas y continuar. Al finalizar el año la satisfacción que me invadió fue enorme al ver tantos logros.
Publicado el día 4/03/15 11:22.
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